Durante el regreso a Iquitos desde la selve hicimos una visita a un criadero de paiches, uno de los peces de agua dulce más grande del mundo que llegan a alcanzar tres metros de longitud y unos 200 kg. Puede alimentarse de otros peces más pequeños y otros animales incluyendo aves. Este pez es muy codiciado por su carne, son capturados con lanzas y muchos de ellos se exportan. Tiene la capacidad de poder tomar oxigeno del aire, lo que le permite sobrevivir en lugares fangosos durante épocas de sequía, pero la necesidad de ir a la superficie cada 10 o 20 minutos para respirar lo hace vulnerable a los cazadores.

Paiches comiendo trozos de pescados.
Iquitos tiene un movimiento continuo, con un tráfico enloquecedor y desordenado, con gente en sus calles ofreciendo artesanías, frutas, cigarrillos, etc. Es la ciudad más grande de la jungla peruana y tiene la característica de ser la ciudad de mayor población (406.000) sin acceso por rutas.

Ciudad de Iquitos
Originariamente sus tierras fueron habitadas por los indios Yameos y los Iquitos hasta la llegada de los españoles. Durante el periodo que va desde 1638 al 1769 los misioneros de La Compañía de Jesús (Jesuitas de Quito) obligaron a estos indios a incorporarse a reducciones o pueblos misionales. Entre 1863 y 1864 se instaló la Factoría Naval, lo que da el primer impulso a esta población que adoptó el nombre de Iquitos y estableció como fecha de su fundación el 5 de Enero de 1864. Alrededor de 1880, con la llegada de la era del caucho y gente de todo el mundo buscando hacer fortuna fácilmente a costa del abuso de los nativos, la ciudad se transformó y creció llegando a ser lo que es actualmente.

Casa de Fierro (G.Eiffel)
Salimos a dar una recorrida y visitamos una de las casas del famoso barón del caucho, Carlos Fitzcarrald, transformadas en restaurante y también la Casa de Fierro, construcción prefabricada diseñada por G. Eiffel.

Ingreso al Mercado Belén
Sin hacer caso a las advertencias de llevar guía y confiados en informes que dicen que Iquitos es tranquila con muy pocos crímenes violentos, iniciamos por nuestra cuenta una visita al mercado de Belén.

Pequeña jugando
A medida que nos metiamos en el nos costaba creer lo que estábamos viendo. Sobre las mesadas o estantes a lo largo de las calles estaban expuestos productos que jamás había visto o que nunca me hubiera imaginado ver en el mercado. Tortugas trozadas como si fuesen pollos, pescados de todo tipo, cortes de lagartos, aves, frutas, etc. En el suelo había arrojados una gran cantidad de desperdicios y cientos de buitres tratando de llegar a ellos. En medio de ese cuadro surrealista también se mezclaban cosas tan variadas como peluquerías, puestos de comida y hasta criaturas jugando en el suelo inmundo. Algo para nunca olvidar.

Buitres esperando la oportunidad de tomar algunos restos
En un momento se nos aproximo un muchacho que mostrando una foto suya junto a turistas, argumentó que era guía y nos ofreció una visita en canoa a la ciudad flotante de Belén. Al principio dudamos pero ante su insistencia y nuestra curiosidad por ver aquello aceptamos su servicio. Lo acompañamos hasta una canoa por una calle que se perdía bajo las aguas casi putrefactas, llena de desperdicios flotando. Subimos a la canoa, el guía, el encargado de manipular en motor y nosotros tres.

Camino a la barrio flotante
Nos internamos por el barrio flotante, constituido por precarias casas de madera hechas sobre unas especies de parrillas de troncos de balso, árbol que provee la madera balsa. Los baños estaban unidos a las casas a modo de pequeñas balsas con paredes de lonas y madera, dejando caer los desechos al mismo cause donde a escasos metros había gente limpiando ropa, vajillas y niños bañándose. Era una imagen que golpeaba fuerte y nos hacía preguntarnos como pueden subsistir esta gente bajo semejante condición sanitaria.

año frente a la casa
Continuamos recorriendo sus calles de agua, perplejos, casi en silencio hasta que al fin enfilamos hacia un embarcadero, un poco más limpio del cual habíamos partido. El guía nos acompaño hasta una zona segura donde le pagamos y lo despedimos.

Mujeres lavando la ropa
Luego de esta impactante experiencia tomamos un moto-carro taxi para visitar la laguna de Quistococha, pero esto se frustró debido a que el moto-carro se quedó sin combustible, y el que conseguimos para continuar estaba en tan malas condiciones, que el viaje de 20 minutos tomo una hora. Llegamos hasta la entrada del parque y zoológico que allí se encuentra, pero justo comenzó a llover, por lo que nos conformamos con comer unas sabrosas presas de lagarto y paiche a la parrilla en un puesto de comidas.
Luego de comer, aun bajo la lluvia, retornamos en un moto-carro que por suerte estaba en buenas condiciones, aunque nos mojamos un poco.

Bar en la Casa de Fierro
Ya en la Plaza mayor nos dirigimos al bar que se encuentra en el segundo piso de la Casa de Fierro a tomar una cerveza y relajarnos un poco hasta que llegara la hora de retornar a Lima.